Regalos (Serie El Sirviente Emo)

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Las cantoras, esclavas o no, podían, por lo tanto, regalar a un esclavo suyo o recibir a un esclavo como regalo. Fulay b. Londres: Luzac, , p. IV, pp. El mismo jabar aparece también en el t. Muj riq fue otro célebre cantante de la época abasí. Ya yà b. VII, p. Otras versiones del mismo jabar se pueden consultar en el capítulo dedicado a Muj riq en K. XVIII, pp. X, pp. En cambio, en el caso de las esclavas cantoras, ese tipo de intervenciones en el curso de la suerte de los escla- vos causa cierta sorpresa, pues algunas historias revelan que la personalidad de ellas y la predilección que les tenían sus dueños hacían que las normas impuestas por la ley —por lo que respecta al derecho a la propiedad— perdieran su impor- tancia.

Aun así, ella tomó libremente la decisión de regalarla como si de una pertenencia suya se tratara, in- dicio claro de que la vida real tenía sus propias normas, no siempre en acuerdo con la ley.

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Mu ammad b. Fue uno de los jóvenes refina- dos de Kufa. No tiene que confundirse con el personaje homónimo Mu ammad b. VII, pp. Yo le conté mi historia y él replicó: — Y ahora me toca a mí ver a ese hombre. Se la traje y ella le cantó. Se percibe un cierto tono humorístico en esta frase.

En relación con el dinero y las joyas que se regalaban a las cantoras cuando ellas ofrecían una actuación musical, es de destacar el gran tópico de la generosi- dad de los califas. Las cantoras recibían visitas en sus casas, las cuales en la mayoría de los casos eran las casas de sus dueños, cuando de esclavas cantoras se trataba.

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En ambos ca- sos, la remuneración de las cantoras formaba parte del evento. XVIII, p. A la calidad de la actuación de las cantoras se sumaba el altísimo nivel de las creaciones musicales, que también influía en la emoción que sentían los califas y, por consecuencia, en la generosidad con la cual la expresaban. Asimismo, hay que señalar que algo parecido ocurre con los personajes que se encargan de remunerar a las cantoras.

Resumen del Libro:

A veces no se trata de sus admiradores directos sino de una especie de personajes secundarios. XVI, p. Primo de otro famoso militar: hir b.

Apud Hilary Kilpatrick. Patronate and patronage in early and classical Islam. Monique Bernards y John Nawas. Leiden: Brill, , pp.

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London: Routledge- Curzon, , pp. La paz que deseamos saludando no es la paz de aquel que luego se despide sino la paz del amado de Mutayyam. Luego los escribí en una nota y se la pasé a Mutayyam. Ella la cogió y se levantó para ir a rezar. Cuando volvió, había compuesto ya la melodía que hoy en día canta sobre estos versos; y la cantó.

Para la época, no sólo se consideraban regalos de valor las joyas y el dinero sino también los tejidos y las vestimentas. Ella le cantó. Éste vendió la Montgomery Watt. Cantante mecano de la época omeya.

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I, pp. Poeta menor de Basora, de origen beduino. XII Suplemento , p. Los tejidos y vestimentas solían también regalarse junto a otros bienes: nor- malmente, dinero, joyas y perfumes. Hija de al- usayn b. Es una de las grandes figuras femeninas de los primeros años del islam, debido a la fuerza de su personalidad y a su cultura.


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IX, pp. XVII, pp. IX, p. Resulta difícil averiguar con toda certeza el sentido de esta palabra en este contexto.

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Federico Corrien- te; e Ignacio Ferrando. Barcelona: Herder, , t. XIII, p. En ninguna de estas dos obras se da el plural de la palabra. A lo que ella contestó: — Y mire que, siendo este canto mío, yo ando desnuda. El lenguaje de la indumentaria. Madrid: CSIC, , pp. A history, pp.

En las fuentes se le describe como un personaje de aspecto físico descuidado y moral dudosa. XVI, pp. Al observar con atención los detalles materiales de las anécdotas, muchas ve- ces resulta difícil creer en la veracidad absoluta de los hechos. En estos casos parece plau- sible que una gran cantidad de dinero o trajes se pudieran buscar al instante para ser regalados a un invitado. Lo que sí es cierto es que, ante cualquier duda, hay que valorar seriamente el contexto material de los personajes nobles de la época, pues muchos de ellos dis- frutaban de unas condiciones de vida realmente legendarias desde el punto de vis- ta material: vivían inmersos en la opulencia y rodeados de esclavos, muchos de los cuales formaban su séquito particular cuando viajaban, hecho que les permitía transportar grandes cantidades de dinero y objetos personales.

El mismo K.

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Fue un personaje destacado de los ambientes refinados de Medina. Fue apreciado como poeta pero no como persona, pues se le consideraba un hombre de baja estatura moral. Así que salí de ella con mi familia camino de Medina. Repítemela, si quieres.


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  • Y ella contestó: — Con mucho gusto. Luego apoyó la espalda contra un muro que había cerca de ella y levantó una de sus piernas y la puso sobre la otra. Colocó la jarra sobre las piernas y se puso a cantar, y juro por Dios que ni esa vez pude retener ni una letra de ella. Y sacudí con la mano los tres dírhams y se los di. Y le dije: — Alégrate la cara hoy con esto hasta que nos volvamos a encontrar. Patricia Crone.

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